Matías Serrano: “Escuchar necesariamente tiene que ver con el presente y el aquí y el ahora”
En un mundo donde estamos siendo constantemente bombardeados por pantallas e imágenes, ¿puede el sonido tomar un rol protagónico? ¿Qué ocurre cuando usamos los sonidos y sus matices para transmitir una idea o hasta un cuestionamiento? Para responder estas y otras preguntas conversamos con el artista sonoro y Licenciado en Artes con mención en Sonido de la Universidad de Chile, Matías Serrano.
Alguna vez Banksy, el artista callejero conocido a nivel mundial, dijo: “El arte debe consolar al perturbado y perturbar al cómodo”. El arte tiene la capacidad de ayudarnos a repensar y remover las ideas que tenemos sobre cualquier cosa o persona. Esa es la razón por la que cada generación de artistas se atreve a tratar temáticas cada vez más inexploradas, o a buscar caminos nunca antes transitados para mostrarlas.
Alguien que conoce de cerca esta cara del arte es el artista sonoro y eléctrico Matías Serrano, quien recientemente expuso su obra “Amplificar la duda” en el invernadero del Bosque Adriana Hoffmann. Esto fue en el contexto de la inauguración del encuentro VOLCÁN, un evento que buscó reunir a comunidades relacionadas a la cultura digital y al arte medial e invitarlas a compartir sus conocimientos e ideas en el Centro Interactivo de los Conocimientos.
“Amplificar la duda” es una obra de arte medial en la que es necesario adentrarse, explorar pero, sobre todo, escuchar para reconocer su mensaje. A través de dispositivos elaborados con un disco duro para que funcionen como parlantes, esta exposición nos muestra una reflexión sobre “las percepciones, rasgos y gestos extraños, especulando sobre los límites y categorías de lo que significa ser una persona”, afirma Matias Serrano en el sitio web donde registra su trabajo.
La obra surgió del proceso de investigación del Magíster de Artes Mediales que el artista comenzó en el año 2021. Pero, para ser más exactos, inició cuando recibió un diagnóstico tardío de Trastorno del Espectro Autista. A partir de ese momento, comienza un camino de dudas, reflexiones y contradicciones.
Para explorar estas ideas, se basó en una práctica que se conoce como el arte de la escucha, que propone la escucha de entrevistas o conversaciones como un laboratorio desde el que parte el proceso artístico.
Los materiales principales que dieron forma a este proyecto fueron los archivos sonoros y los apuntes que recopiló de las entrevistas que el artista realizó a distintas personas de su entorno, quienes le contaron sus historias y testimonios. “Lo que encontré en común es la palabra clave que me sirvió para navegar esta investigación, eso era la idea de extrañeza, lo extraño como algo ajeno a lo propio, todo lo que no es yo. Pero al mismo tiempo, las personas que han recibido diagnósticos de algún tipo en algún momento tuvieron alguna crisis consigo mismas, al sentirse o percibirse como extraños en algún momento de su vida”, nos comentó.
Para explorar lo extraño decidió presentar el contenido de estas entrevistas apoyándose en sus conocimientos en las tecnologías electrónicas y la desnaturalización de los objetos cotidianos y lo sonoro. Su objetivo fue lograr una distorsión del sonido y de los elementos que conforman la obra, incluyendo una especie de “sopa de letras” difícil de leer, con palabras que Matías Serrano seleccionó de sus propios apuntes.
“Ahí tú puedes empezar a leer y encontrarte con frases sobre lo extraño dichas por esta misma persona y puedes empatizar, o no, con cualquiera de ellas. Entonces la idea era amplificar la pregunta sobre lo extraño en uno mismo y lo extraño en otras personas”, explicó.

Dispositivo que forma parte de la obra del artista Matías Serrano
La obra que se exhibió en el invernadero del Bosque Adriana Hoffmann presenta muchos elementos que rompen con las experiencias artísticas tradicionales, por ejemplo la idea de recorrerla con una piedra en la mano o la necesidad de explorar de manera interactiva para poder descubrir cuál es el mensaje detrás, incluso sorpresas que sólo algunas personas pueden descubrir al momento de visitarla. ¿Podrías contarnos cuál fue el razonamiento detrás de todas estas decisiones que dieron forma a la obra y por qué quisiste incluirlas?
Yo creo que, como estamos en un contexto de artes mediales, es bueno repensar los medios que utilizamos. Y medios de forma ampliada, si tú ves en el diccionario hay como treinta acepciones de la palabra “medio” en el español, no sólo como medio tecnológico o como medio de comunicación. La galería o el espacio de exposición es un medio que tiene ciertas cosas normalizadas, por ejemplo no tocar, esperar que sean cosas más visuales, ¿no? Hay una forma tradicional en la que se presentan las obras normalmente… y repensar esto no es nada nuevo, lleva como casi cien años en la historia del arte esta tendencia de repensar el espacio de la galería pero… cuando empezamos a repensar los medios, también los estamos viendo como extraños y esa extrañeza la podemos resolver a nuestro favor, quizás.
Ahí aparece la idea de la piedra, por ejemplo, porque los museos son lugares donde se resalta mucho lo que vemos, lo que escuchamos también. ¿Y qué pasa con los otros sentidos? ¿Qué pasa con el tacto? ¿Qué pasa con los olores, con la sensación de calor, quizá? Pero además, ¿cómo se integran también esas sensaciones? Todas las experiencias son multisensoriales, al final. Uno ve distinto si está en un entorno ruidoso o no y al revés, escuchamos distinto dependiendo de qué estímulos visuales tenemos. En eso pensé con la idea de la piedra y también quise hacer referencia a los fidget toys, que son estos juguetes antiestrés. Quería poner de esos pero son muy caros, o se podían perder, entonces tuve que buscar algo más económico.
Para mí la idea era que se completara un poco la experiencia sensorial integrando un elemento táctil, pero algunas personas que han visto la muestra se han ido para otros lados y eso está super bien. Un amigo, por ejemplo, al escuchar los relatos y leer el texto sentía que la piedra era como un peso que todos llevamos. Yo no estoy necesariamente de acuerdo con eso pero si lo encuentro bonito, esos gestos pequeños que llevan a las personas a pensar sus propias metáforas también.
Con esta obra, y con muchas otras que has realizado, has trabajado conceptos más abstractos, como en este caso “lo extraño”. En la historia del arte, este tipo de ideas siempre han sido de gran inspiración para las y los artistas. En tu caso, ¿qué diferencia al arte medial de otros tipos de arte cuando se trata de explorar esta clase de conceptos y nociones abstractas?
Primero, ¿qué hace el arte? Este año leí un texto que se llama La tercera mesa y dice que, básicamente, todos los objetos son extraños porque cuando los explicamos sólo podemos hablar sobre de qué están hechos, la parte interna, o para qué sirven pero pareciera que el objeto real está un poco al medio. O sea, no podemos hablar de una mesa sin pensar en que sirve para comer o para sentarse alrededor o que está hecha de madera. Pero también hay mesas que no están hechas de madera y lugares en que nos sentamos donde no hay mesas. Entonces, ¿qué es una mesa realmente?
Bueno, este autor, Graham Harman no llega a una respuesta concreta, pero sí sugiere que nosotros nos acercamos a los objetos sólo a través de metáforas, nunca los explicamos concreta o definitivamente. Y siento que eso el arte lo hace mucho, proponernos objetos para entrar a ellos de forma metafórica, que es opuesto a como nos enseñan lo que significa el conocimiento o la verdad, que es buscar la definición específica. Bajo esa lógica de Harman nada tiene una definición específica, sino que tiene distintos ángulos. Creo que para trabajar con el arte, para mí, la palabra clave es la metáfora y metáfora sobre objeto.
¿En qué se distingue de formas más tradicionales? Creo que el arte medial tiene que ver con la lógica sistémica más que con los objetos en sí. No se trata de la pintura, sino de cómo está hecha la pintura. El foco es saber cómo son los procesos que llevan a las cosas más que hablar directamente de la cosa que estamos viendo ahí.
También viene por mi formación, que es de sonidista, no de artista visual. Tengo una lógica de pensar muy estructurada, de caminos y de transformaciones, de señales y cosas así. De diagramas mentales, de interconexiones de cosas. Por eso creo que el arte medial tiene que ver más con las conexiones que con los nodos, por así decirlo.
La gran mayoría de tu obra se centra en lo sonoro y todas sus posibilidades. Considerando que estamos en un mundo que le da mucha importancia a lo visual, y en el que estamos llenos de imágenes todo el tiempo, ¿qué puede entregarnos el sonido que la imagen no? ¿Cómo podemos darle un protagonismo a esa diferenciación para que tenga su espacio propio y especial en el arte?
Es difícil… porque, por ejemplo, cuando se empezó a usar la radio en el campo, dicen que los agricultores colgaban las radios de los cuernos de los bueyes y cosas así. Hay una noción del escuchar como acompañamiento al trabajo. El trabajo de campo era más tedioso y era común acompañarse por un sonido pero ahora es más difícil porque las imágenes están reconfigurando nuestra realidad constantemente. Nos completan los espacios de aburrimiento, ya casi no nos aburrimos. He escuchado de personas más jóvenes que se han preguntado cómo la gente se entretenía en los noventa cuando no había Internet, o más para atrás, y, claro, habían espacios de aburrimiento que uno tenía que llenar de alguna forma.
También, más con el tema de la exposición, creo que va de la mano con la idea de que estamos muy desconectados y un poco acelerados por las lógicas de la tecnología. Estamos como en otros lugares, en otro tiempo. O estamos deprimidos mirando para atrás, o estamos ansiosos mirando para adelante, o estamos viendo algo que está pasando en otra parte del mundo. Y escuchar necesariamente tiene que ver con el presente y el aquí y el ahora. Cada vez que te pones a escuchar atentamente te estás anclando a lo que pasa y a veces eso da un poco de susto, incluso.
Ahí se hace necesario, sobre todo ahora, hablar sobre escuchar, sobre escucharnos también, sobretodo porque estamos en una época muy de la imagen propia y de la identidad propia, y de exigirle al mundo que te observe, que te mire y que te vea como tú quieres que te miren. Pero escuchamos poco, porque escuchar es como retroceder un poco, cerrarse. Es menos inmediato y menos activo. De buenas a primeras, requiere que tú pares y escuches. Y eso socialmente no está ocurriendo mucho. Todos quieren hablar, todos quieren dar su opinión. Y se habla poco de escucharse.
En tu trabajo está muy presente la tecnología como activadora de experiencias artísticas, ¿cómo la ciencia y la tecnología te ayudan a intervenir el espacio, especialmente considerando que el sonido no es un elemento tangible?
Yo estudié sonido y esa carrera se enseña ahora asociada a la producción musical y a la ciencia del sonido, es decir, cómo funcionan las fórmulas, los modelos matemáticos. Y te enseñan mucho a procesar instrumentos y cómo hacer que “suenen bien” entre comillas. Sentía que cuando trabajaba en esa lógica, que era muy tecnológica y muy científica, a veces dejaba un poquito fuera lo material y lo perceptual.
Varias veces, mientras estaba estudiando, sentía que tenía criterios de apreciación estética súper distintos a los de mis compañeros y mis profesores porque, no sé, yo sentía que algo estaba sonando mal y ellos me decían “está sonando perfecto, así suena la música» y yo pensaba “no, así no suena la música que me gusta a mí”.
Pero también es súper curioso cómo no tenemos palabras para hablar de lo sonoro y recurrimos a palabras que tienen que ver con la imagen como “un sonido brillante”, “sonido opaco”… se habla del color del sonido… es bien raro. Y, al mismo tiempo, me empecé a interesar en entender cómo cambia una experiencia sonora según el dispositivo que uses para reproducirlo o el material que tengas alrededor mientras escuchas.
Con el tiempo, he trabajado mucho con registros que se llaman paisajes sonoros, que es la idea de grabar sonidos por ahí…y al momento de mostrarlos, mi idea es repensar o buscar estrategias para que, a la hora de materializar esa reproducción de sonido, sea también coherente o cuestione el mismo sonido que se está escuchando. Por ejemplo, tengo un trabajo con la lluvia que salió el año pasado que tiene que ver con el relato, con cómo el dispositivo que tú eliges para mostrar el relato dialoga con el sonido mismo que estás escuchando.
Yo creo que, en ese sentido, al final es la tecnología lo que permite esa experiencia y no podría ser de otra manera, funcionan mano a mano.
Claro y, en verdad, todo es tecnología en términos artísticos. Por ejemplo, la lógica de pintar paisajes viene de que, en un momento, se consiguió sacar los tubitos de pintura para pintar afuera porque antes la pintura se secaba muy rápido y todos pintaban en interiores.
A Beethoven lo hizo posible el piano, que se había inventado hace muy poco, o a Bach, la afinación bien temperada. Todas las formas artísticas están ancladas a sus materiales y a su tecnología. En ese sentido, no encuentro tan extraño que existan artistas mediales ahora porque son las tecnologías que tenemos ahora a la mano. Si Beethoven existiera ahora, probablemente haría música electrónica, como Aphex Twin.