Marta Larraechea: «Han hecho maravillas, han hecho cosas impensadas»
"Es un orgullo que los niños de Chile puedan venir a jugar aprendiendo, puedan tener lugares que no sean solo los malls para entretenerse"
16 de abril de 2024.- En marzo del año 2000, Marta Larraechea pisó el suelo de un Museo Interactivo Mirador que recién abría sus puertas, y dijo frente a todas y todos los invitados ese día: “Creo que esta es una clara muestra de lo que podemos hacer si unimos nuestra creatividad y trabajamos en conjunto, sobre todo cuando se trata de un objetivo tan noble como es la cultura, la educación y la curiosidad por aprender”.
En aquellos tiempos, como primera dama de Chile, tomó las riendas de un proyecto que pretendía mostrar una nueva forma de aprender: a través de la interacción y la exploración. Lo que ella y el resto del equipo de trabajo se propusieron comenzó una reacción en cadena que dio forma a un espacio donde la ciencia y el conocimiento ya no permanecía en una vitrina de cristal, sino que tomaba vida.
En adelante, lo que se conoció como el Museo Interactivo Mirador no hizo más que crecer y transformarse. En la actualidad este museo forma parte del Centro Interactivo de los Conocimientos, un conjunto de espacios en los que se incluyen también el Museo Interactivo de Astronomía y el Bosque Adriana Hoffman, entre otros.
Ayer recibimos la visita de Marta Larraechea, quien no venía desde hace varios años y pudo conocer en primera persona todo lo que se ha construido desde entonces, en un recorrido junto a María Paz Epelman, presidenta del directorio de la Fundación Tiempos Nuevos y Enrique Rivera, director ejecutivo.
Conversamos con ella para saber su visión sobre todos estos cambios, incluyendo los nuevos focos, remodelaciones, actualizaciones y también aquellas ideas del pasado que se han transformado en algo innovador y que permiten a este museo, tras 24 años de funcionamiento, seguir haciendo historia en nuestro país.
El MIM fue una idea suya que nació antes del año 2000. Desde ese momento hasta suma casi 10 millones de visitas y miles de estudiantes de distintas generaciones han pasado por acá. ¿Qué se siente haber visto crecer a este niño y verlo transformarse ya en un adulto?
Para mí es una satisfacción gigantesca, porque desde imaginarte hacerlo, llevarlo a cabo, con todo lo que ello conlleva, es un riesgo que uno está tomando todo el tiempo y que si resulta y que si se puede o no se puede, y haber logrado esto… es para mí un orgullo tremendo que sea uno de los museos más visitados de este país. Es un orgullo que los niños de Chile puedan venir a jugar aprendiendo, puedan tener lugares que no sean solo los malls para entretenerse. Ese era un poco mi deseo desde que conocí el primer museo interactivo en Venezuela. Ahí dije esto tiene que haber para los niños de Chile, porque la verdad es que es algo entretenido, que se puede ligar con el estudio, de una forma lúdica, entretenida, como está siendo cada vez más la educación ahora. La educación ya no es el profesor acá, el alumno allá, sino que están interactuando. Y venir aquí a probar toda la ciencia, todo el entretenimiento que ofrece este museo, es un privilegio.
¿Y hace cuánto que no venía a visitar el museo?
Yo creo que desde antes de la pandemia que no venía, porque las últimas veces traje a mis nietos, pero los han traído de los colegios también. Y cada vez que estoy con alguien me dicen ¡Oh, fíjate que mis nietos fueron al MIM, mis hijos fueron al MIM! Y es porque los traen a los colegios, y los niños gozan, y también es un panorama de fin de semana. Además, es un lugar tan bonito, es un parque, es salir un poco del centro de Santiago, más lejos.
Desde la última vez que vino, han habido muchos cambios. Uno de ellos es que ahora estamos volviendo al origen de este lugar, rescatando el concepto de Centro Interactivo de los Conocimientos, por ejemplo, que está en la carta fundacional. ¿Cómo ve este proceso de volver al origen?
Yo te diría que para mí es un orgullo que vuelva a como se planteó, porque como han pasado muchos directores distintos, ha pasado por manos distintas, cada uno va haciendo lo que supongo que cree que es mejor, pero que bajo mi aspecto no es lo mejor, tal vez. Pero ahora yo estoy muy contenta con la dirección que tiene, estoy muy contenta con la gente que está trabajando. Creo que han hecho maravillas, creo que han hecho cosas impensadas, que se han conseguido financiamientos, se han conseguido gente que los apoye… o sea, realmente se nota que hay una maquinaria adentro de gente pensando y actuando para que esto sea cada día mejor.
Usted ha recorrido hartos de los espacios, algunos nuevos, otros no tanto, pero un espacio importante nuevo que pudimos ver afuera es el bosque Adriana Hoffman. ¿Qué le parece incorporar, en esta nueva versión del museo, la temática de la naturaleza y su conocimiento y cuidado?
Yo creo que ahora hay un afán bastante fuerte de los niños por la naturaleza, con los animales, se ha notado, con las plantas. Es verdad que es bueno que ellos sepan que la tierra hay que cuidarla, que si tú la cuidas produce cosas buenas, cómo se hace, cómo se cuida, cuál es la flora y fauna que tenemos aquí en Chile. Yo tengo una casa en Santo Domingo, cerca hay un aviario precioso que es muy visitado, que la gente goza. Entonces unir esto con eso es un aporte inmenso.
En esta vuelta al origen, también volvimos al logo de las manitos, que se había olvidado un tiempo. Más allá del gesto del diseño, ¿qué le parece esto de volver a los manitos? Porque es algo que está muy en el inconsciente de la gente.
Yo siento que hay cosas que no hay por qué cambiarlas, que están y son lo que son. Y no por ser más creativo o menos creativo tienes que cambiarlas. Yo creo que la cosa de la mirada con las manitos, decía mucho, solo de mirarlo. Y lo otro parecía un logo de Google, o sea que era de color, bonito, todo lo demás, pero no decía nada. Y por eso me dio pena que lo cambiaran. Ahora estoy feliz de que Enrique, el director, haya hecho este cambio y hayamos vuelto de nuevo a las manitos. Y para su diseñadora también, que fue un aporte que nos hizo ella al museo, como tanta gente que nos ayudó. Y aprovecho de dar las gracias a las empresas que nos ayudaron, a los parlamentarios que nos ayudaron, a toda la gente que remó junto a nosotros sin saber bien lo que estaban apoyando, confiando en mí. Por eso es que yo me siento muy responsable de esto y por eso estoy tan feliz que ahora esté como a mí me gusta que esté.
En su discurso inaugural justamente hablaba de eso, de que hubo mucha resistencia al proyecto por parte de algunas personas y sectores en ese tiempo. ¿De dónde sacó la resistencia para defender el proyecto?
Yo soy vasca y soy leo (ríe) entonces, cuando se me pone algo, voy. Lo que pasa es que yo sabía que lo iba a hacer. Había gente que se resistía, pero fíjate que increíblemente se fueron convenciendo. Era muy difícil explicarlo, porque la gente no sabía lo que era un museo interactivo. Nunca habían visto uno. Entonces, creían que era una cosa rara que está haciendo esta señora. Al principio aquí en el barrio pensaban que yo iba a hacer un edificio de departamentos, que yo me iba a enriquecer aquí y comenzamos a amigarnos con la comunidad, explicarles lo que era, los invitamos.
Cumplimos veinticinco años el próximo año. ¿Cómo ve este museo en 25 años más?
¡Uf! Yo siempre lo veo creciendo, siempre lo veo, hay espacio, eso es lo bueno, que hay espacio como para crecer, para hacer cosas nuevas, para introducir sobre todo el tema de la minería, que me interesa mucho. Yo siempre soñé con una mina bajo tierra, que los niños anduvieran en un carrito bajo tierra, con la luz de linterna, viendo lo que hacen los mineros, porque Chile tiene minería y los niños no tienen idea de lo que es, nunca han bajado a una mina. También un teatro IMAX, por ejemplo. Hay muchas cosas que se pueden poner de aquí para adelante, siempre para adelante, nunca para atrás (ríe).
Por último ¿Qué significa el MIM para Chile?
Yo creo que es un tremendo regalo para los niños de Chile, tremendo regalo, para los niños y también para los adultos mayores, que vienen mucho para acá y me comentan que lo han pasado estupendamente bien.