Entrevista con José Ramón Alcalá: “El arte tecnológico es el arte de nuestro tiempo”
En el marco del encuentro VOLCÁN que se realizará durante este 13, 14 y 15 de noviembre, conversamos con el catedrático de Arte y Nuevos Medios de la Universidad de Castilla-La Mancha, José Ramón Alcalá, para conocer más de su experiencia como pionero en artes mediales y digitales. Además, indagamos en las preguntas que surgen cuando pensamos en el arte como una herramienta para explicar las transformaciones científicas y sociales.
Martes 12 de noviembre de 2024.- Por primera vez en su historia, el Centro Interactivo de los Conocimientos realizará un encuentro enfocado totalmente en la cultura digital, que se refiere a todas las expresiones y productos culturales nacidos de las transformaciones tecnológicas de la era digital.
VOLCÁN surge con el objetivo de conversar, reflexionar y analizar los nuevos lenguajes y formas de relaciones que abre la era digital y reunir a las comunidades vinculadas a este tema. En su programación están contempladas charlas de diversos representantes de las prácticas digitales de Chile y la escena internacional, además de talleres y exposiciones que abrirán el diálogo sobre el profundo ciclo de transformación que vive nuestra sociedad.
El evento, que es gratuito y requiere inscripción, se realizará los días 13, 14 y 15 de noviembre. Cada jornada estará centrada en un eje temático diferente: arte y patrimonio digital, relaciones sustentables con las tecnologías y la programación como habilidad del siglo XXI, respectivamente.
Además, en esta instancia se realizará la presentación del Museo Interactivo de Artes Audiovisuales (MIAAU), el museo digital del Centro Interactivo de los Conocimientos. Este proyecto ha estado a cargo de Elena González, artista visual multidisciplinar y que actualmente dirige el Programa de Cultura Digital del centro. En este puesto ha buscado diseñar y crear herramientas que permitan una relación sustentable entre la sociedad y sus entornos tecnológicos, además de trabajar para reducir la brecha digital, formar ciudadanos digitales, y la promoción de relaciones responsables con las tecnologías.
Estos son los mismos objetivos con los que se ha organizado el encuentro VOLCÁN y en base a los que se ha articulado una programación en la que se encontrarán temas relacionados a las artes mediales, la intersección entre la tecnología y el arte, la interdisciplina y las prácticas museales.
Es por eso que la charla inaugural de la primera jornada estará a cargo del artista, investigador y catedrático de Arte y Nuevos Medios de la Universidad de Castilla-La Mancha en España, José Ramón Alcalá y lleva por nombre “Memoria, Relato, Patrimonio y Museologización del Media Art”.
Su participación en VOLCÁN abrirá la conversación sobre las implicancias del arte medial en nuestras sociedades y, especialmente, en el mundo de la cultura. En conversación con el Centro Interactivo de los Conocimientos, José Ramón Alcalá nos cuenta sobre su experiencia como pionero en el arte digital y las reflexiones que tiene en torno a los cambios que el arte produce en nuestras sociedades y en los espacios culturales.
Para comenzar, nos gustaría saber ¿cómo nace esta conexión entre las tecnologías modernas y el arte y por qué siguen siendo un objeto de inspiración para tantas y tantos artistas?
Bueno, no olvidemos que el arte es el signo de su tiempo, es la forma poética que el ser humano sensible e inteligente tiene para aprovechar lo simbólico, expresar ideas profundas sobre lo que está sucediendo a su alrededor y a sí mismo en momentos de grandes crisis sociales o en los que la sociedad se transforma sustancialmente, generalmente en dirección hacia el progreso.
En estos casos el arte se alía con las disciplinas científicas de la ciencia. Esa es la gran aliada del ser humano para comprender lo que está sucediendo y las herramientas que usa la ciencia son las tecnologías.
El artista siempre tiene curiosidad por saber lo que está sucediendo a su alrededor y por eso probablemente es el faro de detección de problemáticas. Es la punta de vanguardia que de alguna manera experimenta los cambios profundos que están sucediendo y los vive con una intensidad, una pasión y una sensibilidad especial. Además, es un ser dotado de un talento para expresar estas cosas y se alía con las estrategias simbólicas para lograrlo. Eso explica que cada vez que la ciencia da un salto fundamental, desarrollando tecnologías muy potentes y totalmente inéditas, novedosas, que en cuanto se ponen en funcionamiento, causa los mismos estragos que la magia en el ser humano.
Los artistas consiguen dar esta voz de alerta y hacer consciente al resto de las personas de que algo nuevo está sucediendo o, en muchas ocasiones, le da forma a eso que no siempre sabemos cómo darle forma porque nos pone en una situación de sorpresa o de miedo ante lo nuevo. El artista se encarga de hacerlo, por eso el arte y la tecnología van siempre de la mano.
De hecho, en los orígenes del arte, según los griegos, está la tekné, de alguna manera ya está de entrada ligada a la técnica. Lo que pasa es que en el siglo XX parecía que la tecnología y el arte se venían separando un poco porque el artista llevaba el arte en una dirección bastante, digamos, centrípeta, girando alrededor de sí misma.
Cuando se inventó el ordenador, Internet, las máquinas modernas en la década de los sesenta del siglo pasado, vuelve el artista a tener curiosidad por manejar esa técnica tal y como había sucedido en el Renacimiento.
Posteriormente empieza a relacionarse con otras disciplinas y se empieza a producir un movimiento interdisciplinario que hace que el arte vuelva a sus orígenes, a relacionarse con la tekné. Y eso es lo que estamos viviendo hoy en día. Estamos viviendo la forma primitiva, pionera y también un poco tosca en la que los artistas se enfrentan por primera vez al uso creativo de estas tecnologías nuevas y revolucionarias. Incluso, a través de la creación de Internet hemos generado una copia idéntica del mundo de una forma virtualizada, y el artista es como ese espeleólogo que viaja, se sumerge en la cueva desconocida y va abriendo caminos y dibujando cartografías, dando forma y tomando posesión de eso nuevo que se está creando.
Desde su punto de vista como pionero en artes mediales, ¿cómo estas disciplinas han logrado transformar los paradigmas tradicionales con los que habitualmente se comprendía el arte?
Bueno, lo que está claro es que cuando los grupos de creadores interdisciplinarios de avanzadilla se ponen a rendir las nuevas tecnologías en beneficio de la comprensión del nuevo mundo todo cae en crisis. Cuando el arte empieza a ampliar su campo de actuación y sus registros, todo lo que había constituido los ejes sobre los que se fundamentaba el trabajo artístico y, por tanto, todo lo que había sido considerado obra de arte y la manera de llegar hasta ella, cae en crisis. Entonces lo que llamábamos los grandes paradigmas se pone en cuestionamiento porque se descubren otras formas posibles.
Primero, a través de las nuevas tecnologías nos damos cuenta de que la obra de arte no es solo un objeto para colgar en la pared o depositarlo en una peana en medio del espacio, sino que la obra de arte es también el proceso, es el devenir de la manera en la que generativamente estamos alcanzando la producción de algo y entonces pasamos del objeto al proceso.
Por otra parte, cuando las máquinas empiezan a tener cierta autonomía, el artista empieza a hacer concesiones, a darles a las máquinas una voz propia. Las máquinas tienen sus propios ojos, miran de forma diferente a como durante siglos y siglos habíamos mirado los artistas, los seres humanos, y por lo tanto, el artista es otra cosa y la máquina puede ejercer de artista o por lo menos colaborar, generar la obra colaborativamente.
Otro gran paradigma que se pone en cuestionamiento es la naturaleza propia de las imágenes, que hasta entonces eran algo físico, algo puramente material pero ahora hablamos de imágenes técnicas, hablamos de la imagen devenida de las máquinas, de la imagen con otra naturaleza diferente. Por eso las imágenes técnicas abren brechas en el paradigma tradicional de lo que el arte había considerado como imagen y como imaginario.
Y en ese sentido seguimos desmantelando paradigmas. Por ejemplo, el concepto de unicidad, el concepto de aura. El arte siempre había sido un objeto rodeado de aura, algo único, raro, algo muy apreciado. Ya con la fotografía esa aura por lo menos se enfría, porque el arte comienza a multiplicarse y en esa multiplicación la unicidad queda vulnerada.
De esa manera, las múltiples copias prácticamente idénticas nos llevan a un momento en el que ya no se distingue entre original y copia y no se reconoce el origen de las múltiples imágenes que circulan. Eso acaba por triturar el aura de la imagen y desembarca en el concepto de múltiple, un nuevo paradigma que viene a sustituir al concepto de la unicidad, de lo único. Y el aura estamos transformándola, estamos viendo cómo adquiere otras condiciones.
Entre los elementos que caracterizan a las artes mediales también se encuentra la interactividad, puesto que las obras de este tipo de arte tienden a usar el espacio y a interactuar con el espectador de una manera distinta al arte clásico, en el que todo lo que se podía conseguir era la observación, ¿a qué atribuye que las experiencias del arte contemporáneo involucren cada vez más el presente, la inmediatez y la interacción con otras personas?
Mira, está claro que el arte no progresa. El arte es lo que expresa en cada momento su tiempo y, por lo tanto, no hemos superado ni a las pirámides de Egipto ni al Discóbolo de Mirón ni a las Meninas de Velázquez. En cada momento ha habido qué hacer eso.
Cuando nace el cine por primera vez tenemos la posibilidad de hacer una obra en movimiento, y vemos lo que hasta entonces los espectadores del teatro de la escena italiana o de la danza podían contemplar, veían algo que se movía, que estaba en movimiento.
Desde el cine, y desde que las imágenes se colocan en la línea espacio-tiempo en el segundo 0,1, la imagen queda muda. ¿Qué significa eso? Que las imágenes en movimiento necesitan sonido. Un cuadro jamás había necesitado sonido y, sin embargo, de un pequeño clip de un segundo la gente está reclamándole porque no se escucha, se preguntan “¿qué ha pasado?”. Entonces ahí se demuestra un cambio profundo. Quiere decir que desde el momento en que un espectador sabe que una imagen por fin se ha puesto a caminar está exigiendo que tenga movimiento.
Por otro lado, desde el momento en que un espectador se coloca delante de una pantalla, desde que la nueva interfaz o el nuevo marco de madera del cuadro se ubica delante de una pantalla, le está exigiendo intervenir en ella y coparticipar del proceso de generación. Y, por el lado contrario, el artista se ha dado cuenta de que puede separar por primera vez el texto del autor del texto del lector. Eso significa que se pueden construir obras que estén abiertas en su formulación. Antes, un artista tenía que decidir cuándo se terminaba la obra y se enfrentaba a lo difícil que era cerrar un cuadro. Eso era el famoso texto interminable, la obra que no se acaba nunca porque el artista nunca está contento con ella y nunca la consigue terminar
Pues en estos momentos precisamente las obras están hechas en abierto para que la gente se sienta incorporada a ello. Esa época de la interactividad, del arte interactivo, evolucionó técnicamente y llegó un momento en el que conseguimos meter al espectador en un entorno que es la obra. La obra ya no es un cuadro o una ventana, no es un trampantojo que atraviesa el muro y nos deja ver más allá. La obra es la arquitectura que me rodea y en esa arquitectura se produce la obra y yo giro alrededor de ella. Estamos evolucionando con las obras, por lo tanto, estamos evolucionando con las narrativas.
Y en el último paso, en el que estamos ahora, conseguimos ser los productores de ese espacio. El videojuego establece un nuevo paso en la narrativa, hace que el espectador se vea dentro de ella, o sea, no solamente esté inmerso dentro, sino que es el conductor, nota sus manos, cómo sus pies avanzan por la escena, cómo va interviniendo sobre ella.
Todas estas conquistas y evoluciones narrativas dan como consecuencia un espectador que ya no se conforma con una imagen estática, que le está pidiendo a lo que tiene delante todas las conquistas que se han ido produciendo y, por lo tanto, hoy en día no hablar de lo interactivo, no hablar del Game Art, es como coartar, limitar, es proponer una obra mutilada.
Por eso hoy mis estudiantes de Bellas Artes entienden y tienen claro que la obra es abierta, que dialoga con el espectador, que se produce por la intervención del espectador, en espacios múltiples, en el espacio entre pantallas, que ahí hay que gestionar unas cosas que se llaman redes, flujos, comunicaciones entre una distancia y otra, entre un lugar y otro. Y todo eso es el devenir de la narrativa contemporánea.
Como mencionó anteriormente, y lo ha hecho en muchas otras ocasiones, el arte corresponde a un reflejo de la época, por lo que es contemporáneo y contingente. Bajo esa lógica, ¿qué nos dicen las artes mediales sobre nuestras sociedades actuales y nuestros intereses como seres humanos?
Mira, cuando los hombres ilustrados, franceses e ingleses inventan el museo como dispositivo para iluminarnos en cómo somos y describirnos y demostrar nuestro poder como civilización, comprenden que el museo es un repositorio de toda la suma de los signos de cada tiempo, es decir el zeitgeist de su época. Pero para ejercer la función pedagógica que tiene un museo necesito del relato.
Los primeros museos, como el del Louvre o el Museo Británico muestran el relato del poder. Con esto quiero decir que conforme el museo se asienta en su función y entiende cuál es su papel en el devenir de la evolución de las sociedades va tratando de contemplar lo que cada momento ha sido el signo de su tiempo, acompañado de un relato. Una consecuencia de ello es algo tan demoledor, pero tan divertido como que los museos que pretenden enseñar el arte de su tiempo se llenan de obras contemporáneas que probablemente en pocos años o décadas se verán sustituidas por otras obras
Pongamos el ejemplo del siglo XIX, el impresionismo. Museos como el de la Orangerie se llenaron de obras de los pompiers, es decir, de los académicos que en ese siglo pintaban unas obras inmensas, de decenas de metros por decenas de metros cuadrados. Ahí había cuadros de historia o se representaban cosas como la mitología, etcétera. Pocos años después, esas obras fueron respetuosamente descolgadas de las paredes de las mejores salas del museo y fueron sustituidas por unas pequeñas obritas hechas en unos lienzos muy débiles, muy frágiles, que eran los que habían sacado a la calle y al paisaje los pintores impresionistas, que habían sido rechazado antes, los refugee, y no eran considerados artistas. Esas pequeñas obritas ocuparon los lugares centrales, descolgando las obras de los grandes académicos que habían prohibido ese arte.
Esta es una anécdota histórica preciosa, que nos dice que podemos repasar todo lo que los museos de arte contemporáneo han colgado en sus paredes, tratando de expresar la segunda mitad del siglo XX y yo estoy convencido de que en muy poco tiempo todas esas obras del top 100 de los artistas del mercado del arte se descolgarán, con mucho respeto, y serán sustituidas por las obras mediales. Es decir, por las obras que realmente están contando cómo éramos y cómo gestionábamos nuestro día a día, con nuestras redes sociales, con nuestros videojuegos, con nuestras realidades virtuales y con nuestras narrativas abiertas, con nuestras imágenes entre pantallas.
Estoy convencido, porque la historia lo demuestra y hay que saber un poquito de historia del arte para comprender que la dinámica es esta y no hay otra y, que el signo del tiempo de los comienzos del siglo XXI no pueden estar representados por el arte abstracto o el arte conceptual, porque no representan su tiempo.
Lo que representa su tiempo es lo que todo el mundo está haciendo, disfrutando y entendiendo en ese momento que es con las plataformas, los teléfonos móviles, Internet, los dispositivos. Por lo tanto, toda la obra simbólica que sale de ahí se irá recogiendo, recopilando, relatando, se irá construyendo un relato, se irá coleccionando, conservando, restaurando y se irá colocando en los museos, en los sitios preferentes de lo que llamaríamos el museo del siglo XXI.
Desde la década de 1980 hasta la actualidad, ¿cómo se ha dado la relación entre las artes mediales y los espacios culturales como museos o centros? ¿Hacia dónde debe orientarse el trabajo para afianzar esta conexión?
Los pioneros del arte digital, de las artes electrónicas, de las artes mediales, tuvimos que convertirnos en nómadas, viajar y residir temporalmente como una familia de nómadas internacional en los seis o siete centros de arte que contemplaban esto en todo el mundo. Yo residí entre el año 91 y 92 en el Canon Art Lab de Tokyo, que era un centro increíble. Estaba el ICC también en Tokyo. Estaba el ZKM en Karlsruhe, en Alemania. Estaba el Ars Electronica Linz Center en Austria. Estaba el Banff Centre de Canadá. Estaba el Xerox Parce en California. Estaba el CAST del Instituto Tecnológico de Massachusetts… y poco más, es decir, todos nos conocíamos con nombres y apellidos.
No existía Google Maps, pero todos llegábamos y nos encontrábamos en esos lugares. Y era algo mágico y maravilloso. Pero claro, había que ir a buscar la tecnología. Yo fui uno de los que creó uno de esos centros, el Museo Internacional de Electrografía de Cuenca, en el año 1988, y estaba siempre lleno de los artistas nómadas que se dedicaban a la tecnología.
Eran ágoras de reunión, de gente, de artistas, etcétera. Y todo eso hoy dejó de funcionar porque las multinacionales se dieron cuenta de que la tecnología ya era accesible por parte de los artistas, que con un dispositivo móvil o con un pequeño ordenador, ya se podía hacer todo para lo que antes había que viajar al otro lado del mundo, para encontrarse con un Silicon Graphics de un millón de dólares.
Lo positivo es que los artistas pueden trabajar en cualquier lugar de cualquier manera y conectados en el espacio red, la sociedad red, creando cultura red. Pero ha creado también una situación indeseable ya que se han desmantelado las ágoras físicas, es decir, los lugares de encuentro fundamentales para que se genere la conversación, el encuentro, el intercambio de ideas, enriquecimiento entre unos y otros y los diferentes conocimientos.
Hubo estos centros, pero lo que no hubo nunca fue museos que asumieran esta producción artística. Los museos, ignoraron por pereza, por desconocimiento, porque no tenían el relato, todo lo que estaba sucediendo en estos grandes centros de arte. Hoy puedes ir al ZKM de Karlsruhe o puedes ir al Ars Electronica Center de Linz y encontrarte dos grandes museos de arte electrónico. Puedes viajar al Museo de Electrografía de Cuenca y, aunque no está en activo, los almacenes y sus bases de datos están perfectamente ordenados, tienen más de 150 mil obras que explican la evolución de la gráfica del analógico, lo digital.
Y eso está ahí, pero no debería estar ahí. Esos fueron reductos, lugares alternativos, que tuvieron que existir porque el mundo del arte no los aceptaba, no nos aceptaba, como las catacumbas de Roma que servían para que los cristianos se reunieran y sus fallecidos no fueran comidos por las fieras.
Yo creo que ya es el momento de cambiar eso, es el momento de que se generen los museos del arte del siglo finisecular de la transición del XX al XXI y que esos museos contengan el relato de lo que sucedió con las crisis de la llegada de la tecnología, en el proceso en el que hemos llegado actualmente con una sociedad digitalizada. Hay que hacer eso, localizar, ordenar, cuidar, restaurar, construir los relatos, exponer y divulgar. Y eso lo tiene que hacer una institución de arte, un museo.
Para terminar, la charla que usted presentará en VOLCÁN será la que abrirá el resto de actividades y conversaciones del encuentro, que se enmarcan en el objetivo de explorar distintas manifestaciones de la cultura digital. ¿Cuál es su reflexión respecto de oportunidades como estas, en las que se abre el diálogo y se busca difundir la cultura digital en museos y espacios culturales como el Centro Interactivo?
La verdad fue una sorpresa maravillosa cuando Elena González del Bello, antigua alumna mía en mi Facultad de Bellas Artes, que yo fundé en 1980 y que ella salió de allí, se puso en contacto conmigo. Para mí fue un motivo de honor, de satisfacción, de alegría. Y me puse a su disposición absolutamente para lo que necesitara. Estamos tan orgullosos de que ella y tantos más ahora ocupen lugares muy relevantes en el mundo.
Fue fantástico entender que ella había sido contratada precisamente para poner en funcionamiento este programa, para que el arte estuviera dentro de un museo que se preocupa por las relaciones entre tecnología, cultura y sociedad. O sea, es fantástico encontrar lugares en el mundo donde esto se toma en serio, donde la alfabetización digital contempla que el arte es muy importante para realizar esto en condiciones del tecno-humanismo que nos debemos y que nos merecemos y que, por tanto, hay que poner en funcionamiento este tecno-humanismo. Una jornada como VOLCÁN me parece fundamental y muy ilusionante.
Por eso yo voy a hacer el inmenso esfuerzo de viajar hasta Chile en unos días súper intensos, en un momento terrible y tragiquísimo para mí personalmente y para mi familia y para mi entorno, en donde Valencia está devastada, en donde las comunicaciones están devastadas, en donde yo para ir de Valencia, Cuenca, a trabajar cada semana es una odisea increíble, que tengo la moral por los suelos… pues creo que esto es necesario, porque yo, a pesar de esto, llevo 50 años dedicados a creer con pasión en que el arte salva vidas, porque nos permite alcanzar la dimensión humana más superior que nos merecemos y que somos capaces de tener. Por eso el arte tiene que estar al servicio del hombre, tiene que construir cultura y es en cada momento el zeitgeist.
El arte tecnológico, el arte de la de la red, de Internet, de la inteligencia artificial, de la interacción, de la realidad virtual, del videojuego, es el arte de nuestro tiempo y hay que cuidarlo, hay que mimarlo, hay que conversar sobre él y hay que construir plataformas, sistemas, centros, museos, colecciones que pongan todo esto a rendir. Y para eso estamos los expertos, los que hemos vivido toda la transición y hemos sido partícipes activos de toda su construcción.
Lamentablemente a los pocos años de poner todo esto a rendir, las grandes multinacionales tecnológicas nos secuestraron nuestros inventos, nuestras ideas, nuestro arte y lo monetizaron. Lo convirtieron en el becerro de oro para hacerse millonarios y llevó todo lo que la tecnología prometía de la utopía a la absoluta distopía.
Hoy la gente está muy enfadada con la tecnología, pero no se dan cuenta que es parte de ellos mismos, son tecnología, somos tecnología. El problema es cómo nos están haciendo utilizar esta tecnología, cómo la han llevado a una manera de hacer cuando hay infinitas formas diferentes. Piensan que lo que no es un estándar mundial, lo que no manejan mil millones de personas, no puede funcionar o no puede existir y eso es un error tremendo porque cada uno debería tener su pequeño sistema para comunicarse, para generar imágenes y arte, para hacer la gestión de la vida diaria.
Pero no siempre tenemos que pasar por las cuatro multinacionales de la manera en que nos la cuentan. Por eso yo creo que VOLCÁN es una iniciativa interesantísima en donde tenemos que ir a hablar de esto, a denunciar esto, a buscar soluciones y demostrarnos que no hemos luchado en vano durante cincuenta años para irnos frustrados al otro mundo, sino que para dejar realmente algo que merezca la pena. Esa es mi obsesión, dialogar con las nuevas generaciones, conversar con ellas, transmitirles nuestra experiencia, recoger su frescura, su juventud, su innovación y generar una comunicación perfecta entre ellos, los y las jóvenes, y nosotros, los que inventamos todas estas historias
En eso debe enmarcarse VOLCÁN y yo invito a todo el mundo a que, por favor, si tenéis la oportunidad, el lujo de venir a Santiago de Chile, pues hay que ir a escucharlo, a conversar, a dialogar, a pensar, a reflexionar y a tomar decisiones sobre esto y ayudaros a los que habéis tenido la gran iniciativa de ponerlo en funcionamiento para que se lleve hacia el lugar correcto, hacia el lugar deseado por todos.