Día del Amor y de la Amistad

Muchas preguntas se han hecho en torno al amor, pero una de las más reiteradas es ¿el amor es un fenómeno que puede explicarse con la ciencia? Te invitamos a leer esta nota para saber qué es lo que la neuropsicología puede decirnos respecto de esta interrogante y qué otras dudas pueden surgir a partir de esta misma cuestión.

Desde sus comienzos la ciencia ha sido la herramienta principal que ha ayudado a la humanidad a entender lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero también nos permite conocer más de nosotros mismos. Disciplinas como la biología y la química han sido clave para comprender de qué manera funciona nuestro organismo, al igual que la psicología ha buscado interpretar cómo funciona nuestra mente. Aunque algunas preguntas aún permanecen sin respuestas, la ciencia también nos puede ayudar a explicar procesos psicológicos que hasta la filosofía ha buscado descifrar durante milenios.

Para algunas personas el amor es un sentimiento misterioso, que aparece de la nada y que carece de lógica. Lo cierto es que cada cultura y época puede entregarnos una interpretación o definición distinta del amor, de sus características y sus razones. En algunas sociedades el amor incluso se entendió como algo divino, como en la mitología romana, en la que el amor se atribuía al actuar de la diosa Venus.

Por otro lado, algunos filósofos han intentado proponer explicaciones a este sentimiento. Entre ellos, Platón es quien más ha influenciado en la visión occidental actual del amor. A él le debemos la idea del alma, en la que se basa casi toda la filosofía del amor, además de que gracias a sus postulados, hoy asociamos este sentimiento con la belleza, la verdad y el bien. Para Platón, el amor se manifestaba como un ansia de perfección, de alcanzar lo absoluto y la inmortalidad.

En la actualidad, la psicología y otras disciplinas que estudian el comportamiento humano proponen un entendimiento más profundo sobre el concepto del amor como un fenómeno complejo y con muchas formas. Incluso, ya desde la antigüedad se teorizaba sobre los distintos tipos de amor, según el vínculo que dos personas sostienen.

Podría decirse que existen tantas definiciones de amor como culturas en el mundo. Pero, ¿qué es lo que permanece igual en cada una de ellas?

 

¿El amor puede ser algo científico?

Lo que permite que la ciencia pueda tener una explicación a la pregunta sobre la definición del amor es el hecho de que es un fenómeno biológico. Esto quiere decir que el amor provoca reacciones biológicas en nuestros organismos que los científicos pueden identificar e interpretar.

La neuropsicología ha descubierto que ciertas zonas del cerebro se activan cuando se está sintiendo amor romántico. Una de ellas son las redes neuronales que conforman el circuito de recompensa, que trabaja con dopamina, un neurotransmisor relacionado con la motivación y la experiencia de sensaciones placenteras.

El neuropsicólogo y director del Centro de Estudios en Neurociencia Humana y Neuropsicología, Francisco Parada, explica que al sentir amor ““tú te recompensas, la biología te recompensa a ti biológicamente a través de circuitos dopaminérgicos que efectivamente van a darte placer”.

Otro de los químicos que contribuyen a esta experiencia es el cortisol, también conocido como hormona del estrés, que ayuda a la movilización de recursos energéticos. También están la oxitocina, descrita como la hormona del amor y que resulta importante para la formación de vínculos afectivos, y la vasopresina, que se ha asociado con el sentido de pertenencia y la experiencia de celos.

“Entonces todo esto es una estructura muy límbica, todo el sistema límbico está ahí a la base. Amígdala, hipotálamo, todos estos clásicos conocidos que son los circuitos neurobiológicos de las emociones están metidos también ahí”, expone el neuropsicólogo.

Otro de los efectos a nivel cerebral y biológico que experimentamos al estar enamorados es la disminución de la actividad frontal del sistema límbico, “por lo tanto, tu pensamiento crítico disminuye frente al enamorado. Lo encontrás más lindo, aunque sea feo. Lo encontrás más simpático, aunque sea fome”, comenta Francisco Parada.

Por otro lado, todos estos elementos están presentes cuando un ser humano cuida o es cuidado por otro. En este caso, cuando se  genera todo este circuito de recompensa, como una cascada, se producen las reacciones relacionadas a la liberación de oxitocina y otros neuropéptidos “que nos van a dar no solamente placer sino que vamos a empezar a aprender que es bueno cuidar y recibir cuidado”.

Pese a que el sentir amor genera todas estas reacciones neurofisiológicas que se expresan en el sistema límbico, Francisco Parada considera que el amor no se encuentra solamente en ellas, sino que está “en el organismo, en estos mamíferos que tienen una visión o un mandato neurobiológico bien claro acerca del cuidado que es muy importante para la especie. Eso es lo que a los mamíferos nos distingue de otros cordados”.

Estos rastros neurobiológicos del amor romántico podrían derivar de esta característica que, de acuerdo al neuropsicólogo, se ha conservado durante la evolución de los seres humanos como especie y que está presente en otros mamíferos. Sobre esto se ha investigado bastante y la neuropsicología ha comprobado que existen cambios que se producen cuando dos individuos comienzan a conformar un núcleo familiar y que existe también un impacto en las crías de los mamíferos cuando no son cuidadas.

A estas características similares que se presentan en distintas especies se les llama continuidad filogenética, un concepto que indica que, al ver una característica en una especie, es posible asumir, a partir de la biología, que existen o existieron otras especies que comparten esta característica.

Gracias a esto es posible llegar a la conclusión de que el fenómeno del amor romántico ha estado presente en humanos desde sus antepasados más primitivos hasta la modernidad e incluso lo podemos encontrar en otras especies.

“Una de las cosas importantes que hacen los mamíferos es cuidar al otro. Esa es una de las claves del éxito evolutivo del mamífero”, afirma el neuropsicólogo  Francisco Parada. Ya que en la mayoría de los ciclos vitales de los mamíferos las crías nacen vivas, el cuidado de madres, padres e incluso, en algunas especies, de los grupos a los que pertenecen “ahí tenemos un entendimiento de que el amor parte por una cosa inherente de los mamíferos”.

Sin embargo, existe un misterio que la neuropsicología y la biología aún no logran descifrar. “Es un fenómeno científico. Hay bases neurobiológicas claras. Lo que no entendemos todavía es cuál es la interfase entre eso neurobiológico y lo sociocultural. No logramos entender ese componente cultural, cómo se manifiesta”, afirma el neuropsicólogo.

Todo el conocimiento que se ha conseguido sobre la actividad neuronal ha sido gracias al acceso a la neuroimagen no invasiva en humanos,  o la formación de imágenes cerebrales, una disciplina en la que se emplean diversas técnicas y tecnologías para obtener una imagen directa o indirecta de una estructura, función o farmacología del sistema nervioso.

De esta manera se pudo averiguar que hay redes especiales que se activan para las personas con las que se tiene afecto e incluso difieren según el tipo de afecto. Dicho de otra manera, estas personas a las cuáles amamos tienen un impacto funcional en el cerebro distinguible de otros estímulos.A partir de esto, sumado a lo que se sabía por previos estudios en animales , se ha conseguido entender mucho más de lo que significa amar a otro ser a nivel biológico, observando de cerca cuáles son las estructuras del organismo que entran en acción durante este proceso. “Pero al final del día lo que entendemos es que todas estas estructuras son útiles para generar conductas y estas conductas son contextualizadas culturalmente”, declara Francisco Parada.

Y es que en cada cultura, sociedad o grupo de personas, el amor tiene distintas formas de expresarse. Francisco Parada considera que estas variaciones suelen cambiar de acuerdo a la época, el lugar y hasta las tendencias. Por tanto, como muchos otros conceptos a lo largo de la historia, la definición de amor se ha deconstruido para dar paso a nuevas construcciones. Sin embargo, el neuropsicólogo insiste en que estos constructos “son como legos. Destruyes una cosa, pero aparecen los mismos bloques todos dispersos. Eso te da una oportunidad para seguir jugando. Te abre una puerta”, concluye.