Mauricio Román: “La generación de redes es una práctica necesaria para poder desarrollar lo que es la humanidad o la cultura humana”

¿Qué tienen en común el mundo digital y el mundo de los hongos? ¿Existen aspectos similares entre la naturaleza y la tecnología? El artista medial y poeta computacional Mauricio Román explora estas preguntas en sus obras pero, además, nos invita a reflexionar sobre la relación entre lo poético y lo político.

El arte rompe barreras y llega incluso a los lugares más inexplorados, abriéndose paso a través de cualquier técnica y material en el que se realice una obra. Por esta razón, cuando conversamos sobre arte, es posible encontrar matices de muchas otras disciplinas. Las posibilidades son infinitas y lo único que hace falta es una inquietud, una duda o una idea en la que profundizar. 

Para unirnos a esta aventura y explorar estos conceptos, conversamos con el artista medial, hacker y poeta computacional Mauricio Román. Su trabajo está centrado en el desarrollo de propuestas creativas y conocimientos compartidos que interrelacionen arte, ciencia y naturaleza. Para esto, su principal herramienta es la tecnología y la práctica del código computacional creativo, en la que investiga cómo usar computadoras para generar piezas audiovisuales en tiempo real. 

Ha trabajado en múltiples proyectos y espacios de arte colaborativo, además de presentar sus propias obras de manera independiente en hacklabs, galerías y museos nacionales como extranjeros. Actualmente desarrolla sus estudios en el Magíster en Artes Mediales de la Universidad de Chile con una beca del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. 

Este artista también formó parte del encuentro de cultura digital VOLCÁN realizado hace un par de meses en el Centro Interactivo de los Conocimientos. Durante el día de la inauguración presentó una microversión de su obra MycelIA, un conjunto de experiencias audiovisuales que utilizan scripts de computadora, una especie de “guion” que indica al ordenador las instrucciones que debe realizar. A través de estos comandos, construye una especie de conjuro o ritual en el que entrega algún mensaje o idea por medio de poéticas y metáforas sobre las redes, las interconexiones y nuestro posible futuro como sociedad en constante crecimiento. 

Pero, además de acercarnos a las nociones y prácticas de comunidad, intercambio y trabajo en red generativo, esta obra toma como gran inspiración el mundo de los microorganismos y los hongos, mejor conocido como el Reino Fungi y sus elementos. En especial, esta obra nos muestra, de una manera poética, lo que se conoce como el micelio, un conjunto de hifas que conforman la parte vegetativa de un hongo y es el principal canal de interconexión e intercambio de nutrientes entre las raíces de las diferentes especies de árboles y plantas que conviven en un bosque. 

Incluso, múltiples micólogos han destacado en sus estudios la similitud entre las grandes redes de micelios y lo que se conoce como la World Wide Web que nos mantiene interconectados digital y electrónicamente con el mundo. 

Con esta relación en mente, Mauricio Román presenta una performance en vivo que nos hace pensar en cómo las redes hablan sobre el trabajo mutuo y simbiótico en los ecosistemas y las comunidades, ya sean las de la naturaleza o las del mundo digital. 

“Toda cultura puede definirse según el uso que le da a sus tecnologías y la forma en cómo las comparte o impone”, propone el artista en su sitio web. Te invitamos a leer esta entrevista en la que indagamos en muchas reflexiones similares.

La obra que presentaste durante el día de inauguración del evento VOLCÁN forma parte de una larga línea de trabajo investigativo en la que has explorado el mundo fungi y los elementos que lo conforman, como el concepto de micelio, que se refiere a esta ramificación y red de hifas que se forma en el subsuelo. ¿Cómo inició este viaje? ¿Cómo comenzaste a interesarte por este tema? 

Tiene una historia bien particular porque deviene de un espacio de arte que yo realicé, junto a otros compañeros en Valparaíso, durante el año 2003 al 2016. Este espacio se llamó Espacio G y en él fuimos generando redes a partir de conocer desde artistas visuales hasta hackers. Todo ese venir y devenir también se incluía dentro de lo que era la práctica artística en Valparaíso en ese tiempo. Esta figura que se generaba con, ya sea cruzar estas disciplinas como a veces la tecnología, la ciencia de la información con el arte o la performance, me parecía que era una forma interesante de generar trabajos y poder observarlos desde otro lugar. 

Cuando se terminó Espacio G yo me fui a vivir a Valdivia y vi la proliferación de las setas, las callampas que le decimos nosotros, los hongos, todos estos sombreros o cabezas que iban saliendo del hongo en sí, porque el hongo también es lo que está por debajo y ahí están las otras partes, que es el micelio. 

Ahí recordé un trabajo que hicimos con una hacker que se llama Elektra, del Chaos Computer Club, junto a la Corporación Chilena de Video en un encuentro de cultura digital alrededor del año 2014. Levantamos unas redes malladas, mesh, que son redes de punto a punto, nodo a nodo ¿no? Estos nodos eran una antena, eran routers que se modificaban para poder generar esta red de malla, como una intranet. 

Caminando por Valdivia vi esta proliferación de setas y dije “¡Wow!, es lo mismo que estábamos haciendo en Valparaíso”, o sea, son antenas que se van comunicando por debajo”. Y eso gatilló el poder llevar a una forma más poética, por así decirlo, este trabajo, este render como en 3D de lo que es el micelio, que en realidad no es algo tan científico, sino que más inspirado en las formas. Las observé, las dibujé y las volqué aquí a la computadora. Me interesaba mucho graficar esa ramificación, ese rizoma, y metaforizar lo que era el micelio en sí como cuerpo de la biodiversidad de este planeta y la generación de redes que teníamos nosotros en ese tiempo en Espacio G. También la generación de redes en general, como una práctica necesaria para poder desarrollar lo que es la humanidad o la cultura humana en sí, cultivarla. 

 

En tu trabajo está muy presente la representación de la colaboratividad y la construcción de las obras artísticas integrando no sólo el lado de la autoría y la producción, sino que también el permitir a las audiencias formar parte de ella e interactuar, una tendencia que comenzó a darse mucho más con el arte contemporáneo y medial en oposición al arte más tradicional, por ejemplo. En tu punto de vista, ¿qué características del arte medial permiten esta interacción?

Creo que podría ser como la retroalimentación en tiempo real que podrían generar las artes mediales, si es que nos vamos al lado de ocupar dispositivos que tengan la habilidad de censar, por ejemplo, movimientos o sensores de plantas, humedad de las plantas, del suelo. Pero creo que sí, la interactividad es muy importante, pero debe tener un feedback. Es decir, el cómo tú vas a enfrentarte al trabajo de arte.

El trabajo en sí te puede tirar una activación de sí mismo, pero la idea también es que el visitante pueda entregar también algo para completar el ciclo. Eso es muy importante, la retroalimentación mutua constante entre la obra y el visitante.

 Además, es importante decir que, sin necesariamente tener sensores o dispositivos electrónicos, también puede ser medial ir a un cerro y, por ejemplo, reflexionar sobre la vida. No necesariamente desde un punto de vista artístico, sino que sobre la vida en sí, aprender a observarla también y vivirla. Valga la redundancia, vivir la vida, no ser tan autómatas porque tanto dispositivo electrónico igual te transforma en un ser dependiente, como lo podría hacer el mismo cuadro, de que necesitas un objeto para poder llegar a una reflexión.

 Y también el arte medial te permite salirte un poco de ese cuadro y hacer esa retroalimentación entre el trabajo artístico y el visitante. Pero también dejar a un lado lo electrónico puede ser reconfortante, es como respirar un poco de nuevo y seguir. Creo que ese respiro, ese feedback, inhalar y después exhalar, esa retroalimentación con el entorno biodiverso es necesario. A veces pienso o creo que puede ir por ahí el arte medial.

 

Justamente, otra relación interesante que exploras a través de tus obras es la conexión entre naturaleza y ciencia. Históricamente, ha sido muy común el mostrarlas como opuestas, ¿no? Por eso es relevante el preguntarte de qué manera entiendes y relacionas ambos conceptos, ¿cuáles son los puntos en que convergen estas dos temáticas en tu obra?

Siempre he dicho que la tecnología, entendiéndose como la yuxtaposición entre estas dos ramas, es la forma que yo utilizo para poder llegar a… no sé si resolver, pero sí cuestionarme ciertas prácticas. Es como decía antes, que iba por el bosque y al ver esta proliferación de setas me gatilló ese recuerdo de cuando levantábamos estas mesh y también de lo que fue en general el espacio.

Me gusta abordar desde la naturaleza esa reflexión sobre esa otra vida y no necesariamente irme tan en lo científico, aunque igual conocí científicos, les hice entrevistas, pero quería abordarlo más que nada desde la poesía. Creo que ese es el campo en donde se puede abordar también la ciencia como una práctica poética y que a través de la tecnología, se puede observar.

Y no hablo solamente de la tecnología del hoy, del siglo XXI, sino que las tecnologías más prácticas como poner una huella en una pared ¿no?, que eran las primeras presentaciones, ni siquiera son representaciones. Son presentaciones de la cultura primitiva, prístinas de nuestra civilización.

 

En general, el arte medial es un ejemplo de qué ocurre cuando mezclamos el arte y la ciencia y observamos qué sale de esa combinación, algo que en tus obras se expresa a través de reflexiones sobre las percepciones humanas de la naturaleza, la sociedad y la cibercultura en el siglo XXI, ¿cómo crees que nos ayuda el arte, especialmente el arte medial, a entrar en estas reflexiones?

 Creo que nos ayuda de una forma súper… de doble filo, ¿no? Pero que nos abre una posibilidad para abordar desde la acción, además de la poética. Nos permite darnos cuenta del aquí y el ahora, como una posibilidad, como una herramienta también ¿no? Usar el aquí y el ahora como una herramienta, aunque no puedes palparla como un dispositivo. Pero, desde ahí, usar eso como un punto de fuga o como un gatillador que recién empezaría la metáfora.

Quizá estoy errado, pero creo que recién ahí empieza la reflexión que es poética o se traduce a una poesía, porque es lo que sé hacer y creo que la gente que hace arte también es lo que sabe hacer, es su herramienta.

Vuelvo a la idea de la herramienta que no es palpable, sino que ocupa diferentes dispositivos para generar pensamientos y es como un gatillador que abre posibilidades de doble filo y me refería a esto porque empieza desde esta poética pero también nos hace dar cuenta de que los dispositivos o herramientas que utilizamos pueden ser ocupados como armas y no necesariamente para poder producir poéticas.

Nos abre esta misma capa o tela y nos hace ver las dos posibilidades o quizá hay más posibilidades múltiples. Al menos yo me refería a estas dos, que son las que siempre trabajo y cuestiono, la tecnología como un posibilitador de instrumento poético y también instrumento de guerra.

 

En relación con la pregunta anterior, en tu trayectoria has recogido mucho de lo que ocurre y ha ocurrido a nivel sociopolítico en nuestro país, para presentarlo como metáfora o como idea con la que orientas tus obras. Considerando los cambios que se han producido estos últimos años, ¿hacia dónde te gustaría orientar tu trabajo en adelante? ¿Qué temáticas te gustaría abordar o seguir abordando?

A propósito de lo de la respuesta anterior, de lo que veníamos conversando sobre la tecnología como un instrumento que puede ofrecernos metáforas sobre la vida, el cotidiano, la realidad o la realidad ficcional también y también como posibilidad de arma de guerra, usar la tecnología como arma y posibilidad de poética, estoy trabajando con un proyecto que retomé que se llama Metrón.

Estoy usando un escáner de documentos AGFA y lo estoy automatizando con una librería de Linux. La idea es que cuando la persona se acerca al escáner por un sensor de ultrasonido, un sensor de distancia ultrasónico, el sensor le manda una señal a un controlador que activa un comando en el computador para que escanee solamente cuando la persona se acerca al escáner. Si la persona se aleja, el escáner para.

Pero ese trabajo lo vengo desarrollando hace un tiempo porque me interesa mucho escanear las manos y los rostros de las personas por una cuestión de generar, por así decirlo, un mapa de piel. Y también se relaciona a la metáfora de lo que decía antes, que hace referencia a los registros de la huella de la mano o de la cara.

Esto lo empecé a generar en el año 2016 y la pandemia me gatilló de nuevo esto porque, ¿te acuerdas que en ese tiempo íbamos por cualquier lugar y éramos inmediatamente escaneados por cámaras que tomaban la temperatura?, pero también estaban haciendo un mapa general del movimiento humano, generando estadísticas de rostros y perfiles

Un poco eso trata este escáner, que no está hecho para escanear manos ni rostros, sino que esa función se subvierte porque siempre estuvo hecho para escanear documentos, aunque uno a veces cuando ve un escáner tiene la posibilidad de jugar, que también está implícito eso, el juego. Ese es como el doble filo al que me refería, Estoy trabajándolo aún, haciendo unos prototipos nuevos y voy ahí, a caballo como se dice.

 

¿Cómo logras traducir todos estos lenguajes que son más humanos o más de la naturaleza, que tienen su funcionamiento, sus lógicas y llevarlo a un lenguaje más computacional, tecnológico, de algoritmos?

Es loco porque, por ejemplo, lo de MycelIA, como venía trabajando con las redes, haciendo mesh, lo primero que hice fue generar los primeros ejercicios que ya ni siquiera es lo que se muestra ahora, pero en mi casa, con varios computadores, generé una red que iba teniendo diferentes mapas o palabras que me interesaba que se fueran comunicando, rebotando entre ellas como ideas. Esos primeros ejercicios de live coding los hice con la plataforma Super Collider, si no me equivoco, que lleva como 20 años. Es de estos softwares que te permiten generar audio en tiempo real modificando el código de manera que tú puedes verlo, por eso se llama codificar en vivo.

Esa práctica me gustó mucho. Evidenciar el código de lo que tú estás generando te permite evidenciar también el error y eso es importante creo dentro del live coding. Si no hay error, si todo es pulcro, yo creo que se transforma en algo muy plano en el que no existe el feedback que se da con las obras de arte mediales…sería una obra que ocupa tecnología, pero no es el medio para poder intercomunicarnos y producir esa retroalimentación que es importante en el arte medial. Entonces, si existe el error, si tú ves el código con algún error, te permite quizás, si la persona conoce de ese código, generar una retroalimentación con el mismo artista que está codificando y si la persona, el otro usuario, no sabe creo que también hay posibilidades de generar interacción con el cuerpo.

Por ejemplo, el artista está codeando y si el código va generando un ritmo que impulsa a la gente a moverse, creo que ahí ya se está generando un feedback también, no necesariamente tienes que saber de código y tampoco de bailar, sino que de experimentar el momento que se construye.

 

Claro, es necesario entender con otras partes del cerebro, del cuerpo, porque es un lenguaje al que no siempre estamos acostumbrados. Entre las cosas más interesantes de la presentación de MycelIA en el MIM vimos a algunos niños y niñas experimentar el concierto, vivirlo. Es algo que vemos mucho aquí en el Museo, la forma en que las distintas personas se acercan a las obras, cómo las exploran, qué tanto se atreven a interactuar…

 Es loco eso del visitante infantil o joven también, o niño joven, o niñas jóvenes, porque siempre han activado el trabajo que he desarrollado. Yo creo que no es coincidencia porque, por ejemplo, antes de MycelIA, que está relacionado, pero es anterior, construí un domo de cartón bien pequeñito, donde la entrada era bien pequeñita y sólo cabía gente pequeña. Entonces, los únicas que podían activar el trabajo eran niños.

Me parecía interesante eso, que sí o sí, si la persona quería entrar tenía que agacharse y entrar muy pequeñito. Eso me gustó. Y en MycelIA creo que no evidencié eso, pero sí me di cuenta que todo este movimiento de raíces generada en 3D y los colores activan mucho a las personas pequeñas y creo que eso también es interesante, invitar a ese ritual que es la práctica artística de una forma más juguetona.

Con Metrón, que lo estoy trabajando ahora, creo que siempre los más interesados en escanear son la gente pequeña o joven. A veces los adultos también, pero no tanto… como que son poco curiosos.

Los chicos y las chicas escanean sus manos y me dicen “¿Dónde está el escáner? Quiero verlo rápido ¿Dónde está la imagen?” Quieren inmediatez también y al decirles “No, esto tiene un tiempo”, lo esperan calmadamente, el resultado es diferente, el escáner te saca una resolución bien grande y más encima está proyectada, entonces ve en gigante. Ahí dicen “¡Wow! ¡Esa es mi mano! No lo puedo creer, qué grande es” y ven todos sus detalles de las huellas. Eso la gente grande no siempre lo ve y dicen “Ah, sí, es un escáner, OK” pero no se sorprenden tan rápido.

Foto 1: Mycelia: concierto audiovisual en tiempo real. Universidad Católica de Temuco. 21 de diciembre del 2023. Cortesía de UCT.

Foto 2: Fotografía © Javiera Larrosa

Foto 3: Mycelia: Poética computacional en tiempo real sobre el Reino Fungi. Bienal Internacional de Arte de Valparaíso. Abril 2024. Fotografía © Javiera Larrosa.