Ruedas de Larmahue: un ejemplo de identidad nacional que une arte, ciencia y naturaleza
Cada año en Chile la llegada de septiembre nos rodea de conmemoraciones, celebraciones y memoria. Por ello queremos invitarles a conocer más sobre una de las esculturas que ha estado presente en nuestro museo desde su inauguración, nuestra Rueda de Larmahue, creada por el artista Francisco Gazitúa. Una estructura inspirada en las ruedas que se usan para la siembra en la localidad de Larmahue y cuya preservación ha estado fuertemente sostenida por José Huerta, artesano que en 2018 fue declarado un Tesoro Humano Vivo.
Martes 17 de septiembre de 2024.- Cuando tratamos de descifrar la identidad de una persona, una comunidad o incluso de un país es casi imposible no hablar sobre los territorios de los que forman parte. Es en el espacio físico en donde se desarrolla la vida en cada uno de sus aspectos y sus características definen en gran medida nuestra forma de ver el mundo y también cómo nos entendemos a nosotros mismos.
Gonzalo Mardones, arquitecto y académico chileno, tenía esto muy claro y lo demostró al momento de diseñar lo que hoy conocemos como Centro Interactivo de los Conocimientos. En aquellos años, a finales de la década de los noventa, este museo se proyectaba como un espacio anclado a su territorio que conciliara la tecnología y la ciencia con la tradición, la naturaleza de nuestros paisajes y la identidad de nuestro país.
Entre los documentos históricos en los que se presentaron los planos originales del Museo Interactivo Mirador, Gonzalo Mardones escribió “unir la arquitectura con las características de nuestra naturaleza y, por ende, con su poesía, frente a la perspectiva del nuevo siglo uno de los elementos fundantes que marcan la idea arquitectónica del Museo Interactivo Mirador”.
Desde un talud que simula la geografía y los relieves de las cordilleras que llenan los paisajes chilenos, hasta la similitud de las siluetas del parque con el mar de Chile, este arquitecto tuvo siempre presente lo importante que es reflejar la identidad nacional en un espacio de cultura y educación.
Estos son sólo algunos ejemplos del trabajo que se hizo para construir, en estos edificios y sus entornos, un espacio que reflejara el territorio en el que se ubica. Con el paso de los años, esta visión se ha mantenido presente, integrando nuevos lugares y formas que siguen retratando diversos fragmentos de la realidad chilena.
Este es el caso de la gram estructura metálica que se encuentra por la entrada de la calle Sebastopol. Esta escultura, realizada por el artista visual chileno Francisco Gazitúa en el año 2000 y bautizada como Rueda de Larmahue, fue el resultado de la solicitud que hizo el equipo de Gonzalo Mardones a Francisco Gazitúa para que realizara una obra que representara la intención del museo de volverse un espacio que uniera el arte con la ciencia y la tecnología.
Esta monumental obra escultórica audiocinética está hecha en 48 toneladas de plancha de acero de 4mm, plegada, forjada y soldada, en un proceso denominado carpintería metálica. Desde su lado pedagógico, enseña a los visitantes a observar todos los posibles efectos físicos del agua.
Más allá de su belleza y su valor científico, esta obra busca homenajear las construcciones de ruedas de agua en las localidades de Larmahue y Lo Argentina ubicadas en la comuna de Pichidegua, región de O’Higgins. Estos mecanismos facilitan la obtención y distribución de agua para los cultivos de secano existentes en estas zonas y son esenciales para la continuidad del modo de vida campesino de las comunidades que habitan en ellas. Su construcción y mantenimiento son un ejemplo de tecnología tradicional basada en el uso y cuidado del agua y, además, forman parte del paisaje cultural de estas localidades.
Las ruedas de Larmahue o «azudas» son un sistema de regadío que comenzó a ser usado a inicios del siglo XX en Chile, pero tienen su origen en las ruedas usadas por los romanos para desaguar las minas subterráneas.
Estas estructuras se han transformado en un símbolo que da identidad, por esta razón, resulta importante hablar de quienes mantienen esta tradición viva como un ícono de la vida rural y las labores agrícolas en Larmahue.
A la derecha, fotografía de José Huerta, uno de los principales artesanos de la localidad de Larmahue que, durante más de veinte años se ha dedicado a la construcción, mantención y reparación de las ruedas de agua.
Manteniendo viva la identidad de un pueblo
En Chile existen 40 ruedas, de las cuales 17 fueron nombradas Monumentos Nacionales de Chile por decreto N.º 830 del 10 de agosto de 1998. En 2002 fueron incluidas en el listado del patrimonio mundial en peligro World Monuments Watch, por su mal estado. Posteriormente, algunas sufrieron daños con el terremoto de 2010.
Uno de los principales artesanos de la localidad de Larmahue que, durante más de veinte años se ha dedicado a la construcción, mantención y reparación de las ruedas de agua, además de la transmisión y protección de estos conocimientos es José Huerta Serrano. En ocasiones se ha llamado a sí mismo un “guardián de las ruedas”.
Gracias a su importante labor fue reconocido como un Tesoro Humano Vivo por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio durante la convocatoria del año 2018.
Nació en Larmahue y vivió con sus abuelos durante una parte de su infancia. Siendo aún muy joven, a sus 13 años de edad, se mudó al sector de Lo Argentina, frente a la casa en que vive hoy en día. Aprendió a construir azudas observando y ayudando a otras personas en su comunidad que realizaban este oficio, especialmente a su padre. A partir de esto, comenzó realizando pequeños modelos con latas de pescado para jugar y posteriormente dio vida a sus primeras ruedas de madera, llegando a fabricar un modelo en miniatura de la gran rueda que giraba frente a su casa, construida por su padre para regar el huerto familiar de lentejas y tomates.
A los 21 años José se trasladó a Santiago, motivo por el que se alejó por un tiempo de las ruedas y el campo. Cuando regresó a su pueblo había pasado más de una década.
En 1995, tras el fallecimiento de su padre, José Huerta decidió volver a trabajar la madera y dar forma a las tradicionales ruedas de roble con la intención de mantener vivo el recuerdo y el legado de su padre. Desde entonces ha preservado este oficio y volvió a llenar el canal Almahue de estas azudas.
Por otro lado, también se dedica junto a su familia a fabricar artesanías haciendo réplicas pequeñas de las ruedas, similares a las que hacía de niño, pero perfeccionadas para tener un modelo propio que comercializa. Sus hijos y su esposa también manejan esta técnica y lo ayudan a diario.
Es justamente el interés por mantener viva esta tradición lo que ha llevado a José Huerta a impartir talleres, charlas, muestras y exposiciones en las que da a conocer este oficio y transmite la importancia de las ruedas como mecanismos de regadío sustentables y sostenibles
Su intención es despertar el interés de jóvenes aprendices que conserven este oficio y lo preserven de la misma manera en que él, y otros artesanos como Arturo Lucero, lo han hecho durante décadas.
Mientras tanto, José Huerta sigue construyendo y reparando azudas en su territorio, ayudando a su comunidad no sólo desde lo prácticas que son estas estructuras, sino que también manteniendo presente un elemento que forma parte de sus identidades.
Entrevista a Francisco Gazitúa
Compartimos con ustedes la entrevista que la realizamos a Francisco Gazitúa, premio nacional de Artes Plásticas 2021.